26 de octubre de 2017

Taiwan (La Formosa). Recorriendo Taipei en 4 días




Taiwan nunca había entrado en mis planes para visitarlo hasta que con dos buenos amigos de Bangkok, decidimos ir 4 días a explorarlo.

Sinceramente, no tenía ni idea de toda la historia que le concierne y después de entender un poco cómo empezó Taiwan, me pareció muy interesante.

En la época de la China de Mao Zedong, hubo una guerra civil entre comunistas y nacionalistas.
Chiang Kai-Shek, militar que lideraba el partido nacionalista, perdió la guerra y decidió trasladar a 2 millones de chinos a la isla de Taiwan, junto a oro y reliquias de arte chinas.

Allí se encontraron con aborígenes que habitaban la isla, por lo que los inicios también se vieron marcados por conflictos evidentes.

Chiang Kai-Shek, pasó a ser un héroe en Taiwan y un traidor en la China actual. Al llegar, mantuvo la República de China, nombre real pero mundialmente conocido como Taiwan.

Los nacionalistas chinos, por tanto, comenzaban a construir una nueva tierra, mientras en China se creaba el estado comunista y actual, la República Popular China.

Hoy en día, Taiwan está solamente reconocido por 21 países e incluso la República Popular China la considera como una región más de China, aunque no tienen ningún poder sobre la isla.

Taiwan me ha parecido una mezcla de culturas constante, y no podía ser menos, ya que allí llegaron portugueses, españoles, holandeses y japoneses, siendo éstos últimos los que más marca dejaron.
Los japoneses estuvieron en Taiwan 50 años, hasta 1945, por lo que hoy en día hay una clara huella japonesa en la limpieza de sus calles, la actitud de la gente...
Por otro lado, en algunos conceptos, sigue siendo todo muy chino, como la comida, los edificios y lo caótico del lugar.

Como no teníamos muchos días, nos quedamos en Taipei, la capital taiwanesa.
Veníamos con muchas expectativas, y aunque algunas de ellas nos decepcionaron, como es la vida nocturna, pudimos disfrutar de otros valores que realmente nos cautivaron.

Comenzamos visitando un mercado nocturno muy cercano al templo de Longshan. En este mercado ya pudimos comprobar que la comida china es infinita, habiendo muchísima variedad y en el que la mezcla de comida con masajes y demás en plena calle está a la orden del día.
 

Seguidamente, nos dimos una vuelta por la zona de Ximen, una zona peatonal que me recordó a la zona de Shibuya en Tokyo. Gente joven y moderna por sus calles, luces por todos los lados y un orden dentro del desorden asiático.


Al día siguiente, nos dirigimos a visitar el Chiang Kem-Shek Memorial Hall, lugar donde se encuentra una gran estatua del héroe nacional.
La estatua se encuentra dentro de un Palacio, en el que nada más entrar se ve al héroe sentado y con una sonrisa bondadosa.
Allí pudimos presenciar un cambio de guardia, siempre impactante vayas donde vayas.
En este lugar, también se puede aprender sobre la vida de Chiang Kem-Shek y sobre la ocupación japonesa en la isla.


Por la tarde, decidimos visitar el Museo Nacional del Palacio, en Shilin, lugar donde se pueden ver la cantidad de reliquias llevadas desde China a Taiwan por los nacionalistas.
Este museo fue un poco decepción, ya que te tiene que gustar un mínimo el arte, para poderlo valorar. No obstante, los aledaños del museo son espectaculares, entre montañas y palmeras.


Otra visita obligada en Taipei es el de la Tower 101, uno de los edificios más altos del mundo. Llegó a ser el edificio más alto del mundo durante 7 años, hasta que un hotel de Dubai le quitó ese título.
Lo que sí que pueden presumir, es de tener el ascensor más rápido del mundo, subiendo 89 plantas en 37 segundos.
Las vistas de la ciudad son impresionantes y dan para verla toda entera, hasta el pie de las montañas.

 

Por último, otro lugar que sí o sí hay que visitar en Taipei, es la Elephant Mountain, lugar desde donde se puede ver toda la ciudad con unas vistas excelentes.
Además de hacer algo de ejercicio, ya que hay que subir unas cuantas escaleras, se puede contemplar unas vistas perfectas.


En general, Taipei me ha gustado y quizás, si hubiera tenido más días hubiera investigado más por el resto de la isla.

Un placer, Taiwan!





9 de mayo de 2017

Koh Kood. Playas de ensueño en el golfo de Tailandia



La isla de Koh Kood (o Koh Kut), es de esos lugares que te enganchan nada más pisar.
Ya sea por la relajación que se siente, por la poca gente que habita la isla, o simplemente por las playas espectaculares de arena blanca y agua cristalina que hay.

Para llegar a Koh Kood, salí desde Bangkok hacia el sur, a 4 horas por carretera hasta llegar a Trat.
Una vez en Trat hay que llegar hasta el muelle de Laem Sok, donde se puede aparcar el coche y luego un remolque te acerca hasta el mismo ferry.



Desde Bangkok también se puede llegar por furgoneta, saliendo a diario desde Khao San Road.

Desde el ferry, se puede ver a lo lejos las islas vecinas de Koh Chang y Koh Mak, donde se puede apreciar lo selváticas que son ambas.
El ferry tarda aproximadamente una hora y media, haciendo una parada para dejar/recoger pasajeros en Koh Mak.

 

Una vez en Koh Kood, un pequeño colectivo reparte a los visitantes a los diferentes hoteles donde están alojados.

Lo mejor para alojarse en la isla es conseguir un bungalow a pie de playa, donde se pueden disfrutar de unas vistas espectaculares desde el amanecer.
Koh Kood existe para el descanso, y para no pensar demasiado ya que además la isla no ofrece mucha actividad a partir de la puesta de sol.

 


Snorkel, buceo, kayak... son algunas de las actividades que ofrecen la mayoría de los hoteles/resorts
Algo también interesante es recorrer la isla en moto. Hay muchos lugares para poder alquilar.

La mejor excursión es llegar hasta la cascada de Klongchao, la principal de la isla.
Después de dejar la moto en la zona boscosa, se puede continuar caminando por la selva hasta la misma cascada, donde se puede tomar un descanso del día cubierto con la sombra de los árboles.


Una de las playas principales de la isla es también la llamada Klonchao Beach, donde se puede contemplar una puesta de sol de postal.

Por las noches, como he comentado, no hay demasiada actividad después del atardecer, por lo que la mejor opción es quedarse en el bar del resort cenando y tomando unas cervezas bajo la luna.

 

Koh Kood engancha con su estilo de vida.. realmente son los tailandeses más relajados que he conocido desde que me muevo por aquí...
La gente vive a otro ritmo, y no les importa quien venga y quien se vaya... para ellos, es su estilo de vida y nadie se lo va a cambiar.

En definitiva, en Koh Kood he encontrado un lugar genial para el descanso de cuerpo y mente y en el que estoy seguro voy a volver en un futuro.








15 de marzo de 2017

Hong Kong y Macao. Pasados coloniales



Hong Kong...esa ciudad que me marcó tanto durante mi viaje del 2013...

Hace justamente 4 años estuve durante 7 días, esperando mi visado a China, recién aplicado en la embajada, y con mucho miedo, ya que estaba a un paso de cruzar la frontera, y empezar un largo camino por el Gran Gigante Asiático.

Hong Kong me impactó desde el primer momento. Yo venía de haber estado 3 meses por Filipinas y pasar de un país subdesarrollado a otro con un gran potencial económico, fue una diferencia que me costó asimilar en un principio.

Ahora, 4 años después, he vuelto para recorrer de nuevo esas calles luminosas, esos parques tranquilos y saborear de nuevo esta gran zona del continente asiático.


En esta nueva aventura, me seguí alojando en la misma zona que conocía, la famosa Nathan Road, en Tsim Sha Tsui, esa calle que me enamoró nada más aterrizar.

El primer día estaba preparado para patear bien la ciudad, así que comencé temprano para dar un paseo por las calles estrechas de la zona de Nathan Road, hasta llegar al Parque de Kowloon.
Este parque es perfecto para salir del ruido y del tráfico que vive la calle principal, ya que en cuanto entras, te da la sensación que estás a kilómetros de distancia de la ciudad.
Se respira una tranquilidad absoluta y en él se puede ver gente practicando yoga, taichi o simplemente paseando a sus anchas por sus alrededores.

Seguidamente me fui al puerto para tomar un barco, quería cruzar hacia Hong Kong Island. Recordemos que Hong Kong se divide en 4 zonas. La Isla de Lantau, donde se encuentra el aeropuerto, la Isla de Hong Kong, Nuevos Territorios y Kowloon, todas ellas perfectamente comunicadas con sus líneas de metro, autobuses y ferrys.


Una vez en Hong Kong Island, empecé a recorrer esas calles con mezcla de lujo y dejadez, con multitud de gente yendo y viniendo.
Llevaba ya unas horas caminando, y necesitaba otro escape de la ciudad, así que me dirigí a Parque Botánico y Zoológico.
En este lugar hay infinidad de especies de aves y primates y es muy agradable pasear alrededor de su zona boscosa.


Más tarde, me dirigí hacia el punto culminante del día, y nunca mejor dicho. Llegué hasta la falda del Pico Victoria, el punto más alto de Hong Kong.
Se tiene que tomar un tranvía que lleva hasta la zona más alta. La espera se puede hacer un poco larga, en especial si es fin de semana.
Las vistas que se ven desde lo más alto son espectaculares, con toda la bahía en frente, contemplada por sus grandes rascacielos.
Desafortunadamente, el día que subí era un día nublado y no pude ver nada de nada..

Por la noche tocaba salir a tomar unas copas, y como no, tenía que ser en la famosa zona de Lan Kwai Fong, con decenas de locales para tomar algo tranquilo o para bailar, o si se prefiere, se puede uno quedar en la misma calle, comprando unas cervezas en un 7 Eleven.

Al día siguiente, quería llegar hasta Macao, algo que me había quedado pendiente en mi anterior estancia.
A tan solo 1 hora de ferry desde el puerto de Tsim Sha Tsui, se llega a esta ex colonia portuguesa, donde la mezcla de China y Portugal no pasa desapercibida en ningún momento.
A la llegada al puerto de Macao, tomé un autobús turístico que me ayudaría a recorrer en 4 horas lo más interesante.
La primera parada fue las famosas ruinas de la Catedral de San Pablo, a la que para llegar, hay que meterse por el casco antiguo, haciéndome recordar a las calles de Lisboa, con sus adoquines y edificios claramente marcados por su pasado portugués.



Aparte de la zona antigua, donde se encuentran las ruinas y la fortaleza, Macao se caracteriza por sus inmensos resorts y casinos.
Miles de chinos viajan a Macao para jugar en sus casinos, ya que en China está prohibido el juego.
Son casinos nada parecidos a los que estaba acostumbrado a ver en España, sobre todo porque aquí los chinos que lo frecuentan no tienen ningún problema en alzar la voz y encararse con el croupier...algo que sería impensable verlo en otros lugares.

 

Macao me hizo sentir muy a gusto, sobre todo la zona antigua. Me hubiera quedado más pero tenía que volver a Hong Kong, aunque la siguiente vez seguro que me alojo aquí para conocer más.

En este viaje he disfrutado mucho, con una estancia algo diferente a la que hice hace 4 años.
Espero no tardar tanto tiempo en volver a esta impresionante ciudad!



6 de febrero de 2017

Japón. Tokyo, Fukushima y Nagano



Tenía 5 días para visitar Japón, destino que estaba pendiente desde hace mucho tiempo y que al final pude llegar.
Compré un vuelo para Tokyo, pensando también en visitar otras ciudades alrededor.

Nada más llegar al aeropuerto de Narita, tomé un tren hasta llegar a Tokyo Station, el punto donde se cruzan todas las líneas de metro de la ciudad.

Una vez allí, mi destino era Fukushima, ciudad donde se produjo el desastre nuclear de 2011, uno de los peores de la historia.
Aunque ahora ya está todo controlado gracias a la rápida intervención del gobierno, Fukushima se ha convertido en una ciudad fantasma y son muy pocos los habitantes que deciden volver a vivir en su ciudad.


 

Por eso Fukushima, es una ciudad tranquila, sin tráfico, sin contaminación, agradable, con buenos restaurantes y algo muy importante en Japón, con precios económicos.
Ahí estuve una noche, suficiente para empezar a conocer el país nipón, con sus costumbres, su gente, su comida...
Durante las 24 horas que pasé en la ciudad, ya pude darme cuenta de la gran hospitalidad de los japoneses, aunque la barrera del idioma siempre sea un factor importante.

Al día siguiente regresé a Tokyo, donde tocaba comenzar a conocer a fondo esta inmensa ciudad.
Comencé a patear, a perderme en ella entre su multitud, tomando metros, callejeando, degustando la impresionante comida japonesa...
Horas y horas caminando y alucinando con todo con cada minuto que pasaba.


 

Aunque tenía pocos días para poderlo ver todo, quería igualmente volver a salir de Tokyo y poder visitar otra zona, siendo Nagano mi próximo destino.
Nagano se encuentra a 1 hora y 30 minutos de Tokyo en Shinkansen, el tren rápido que te facilita los desplazamientos por el país.

En Nagano la temperatura descendió notablemente, estando a -9º en algún momento.
Nada más llegar a la estación y ver esos paisajes montañosos nevados, me hizo ver que había valido la pena llegar hasta ahí.
La idea era visitar el Snow Monkey Park, a 45 minutos del pueblo, así que tomé un autobús hasta los pies de la montaña.
Una vez allí, hay que caminar durante 30 minutos hasta llegar a uno de los paisajes más bonitos en el que haya estado nunca.




En el parque habitan unos simpáticos monos que acompañan a los turistas durante el camino, donde se les va viendo caminar y saltar a sus anchas sin importarles la presencia humana.
El punto culminante del camino se encuentra en un gran onsen (aguas termales), donde se puede ver a los monos disfrutar de sus cálidas aguas.

Ya de regreso a Tokyo, pude visitar diferentes distritos de la ciudad como Shibuya, Shinjuku, Ginza...
Todos y cada uno de ellos con su toque moderno pero nunca perdiendo la esencia de la cultura japonesa.


                                          

Imposible verlo todo durante mi estancia, pero me he quedado con mucho de lo que he visto, y sobre todo con muchas ganas de volver pronto para seguir conociendo.

Big in Japan!!!






22 de diciembre de 2016

Bali. La Isla de los Dioses



Bali es de esos destinos que la gente suele decir que es muy turístico. Y sí, lo es, pero principalmente una zona, la cual está infestada de australianos con ganas de armar jaleo.
La isla tiene muchas más zonas por descubrir y donde poder sentirte en medio de la selva, o poder disfrutar de unas magníficas vistas a los arrozales sin sentirte agobiado de multitud.

Bali está para disfrutarla de una manera u otra, y que sea turística no es ni malo ni bueno, siempre dependerá lo que uno ande buscando.
Por supuesto estos destinos se agradecen tenerlos cerca de donde vivo, Bangkok, para disfrutar de unas mini vacaciones, y Bali...es perfecta para ello.

Después de varios meses sin parar de trabajar, necesitaba la desconexión que tuve durante los 6 días completos que estuve en la isla.
Al llegar al aeropuerto de Ngurah Rai en la zona de Denpasar, me dirigí a Seminyak, al suroeste. 
Una vez allí, sentí una relajación absoluta paseando por sus calles llenas de masajes, restaurantes, tiendas... hasta llegar a la playa, la cual está llena de chiringuitos ofreciendo comida, bebida y buena música.

Cabe decir que diciembre es temporada baja, así que todo estaba bastante calmado. Genial para empezar mis vacaciones, no quería más.


La primera noche me fui hacia la playa donde parecía que había más movimiento y ahí estuve tomando, y viendo una buena puesta de sol.

Al día siguiente alquilé una moto y me fui hace el oeste de la isla, al templo de Tanah Lot, uno de los lugares más visitados de la isla.
Se trata de un templo hindú construido en el siglo XVI, y multitud de gente va a visitarlo diariamente ya que las leyendas que existen despiertan mucha curiosidad entre sus visitantes. 
El templo se encuentra en un gran roca que cuando hay marea alta, se cubre casi por completo, un excelente lugar para ver el atardecer.



Al día siguiente me dirigí a Nusa Dua, al sureste de la isla. Para mi, de las mejores playas de Bali.
Estando en la playa, surgíó la idea de llegar hasta Uluwatu, justo al otro extremo de donde me encontraba.
Uluwatu tiene un templo alrededor de un acantilado con unas vistas espectaculares. Además en este templo se pueden ver monos campando a sus anchas por los alrededores.




Tenía ganas de meterme más en el centro de la isla, así que al día siguiente, y con una lluvia demoledora, me dirigí hacia Ubud.
Ubud es una zona de selva verde, con pueblos pequeños alrededor de campos de arroz que dejan sin palabras.



Casi sin querer, llegué al Monkey Forest, un bosque en el que hay infinidad de monos paseando tranquilamente por allí y donde los turistas les pueden dar de comer plátanos que venden en el mismo parque.
Incluso niños dando de comer a los monos...no fue de extrañar ver a un niño salir llorando y corriendo después de que un mono le mordiera...



Los siguientes días los pasé en Kuta, la zona más turística de la isla, y también la que tiene más oferta gastronómica, compras, bares y discotecas.
Y ahí que fui...terminé en la calle principal de la fiesta balinesa, con locales y turistas recién llegados con ganas de salir a darlo todo hasta la madrugada.
Una fiesta increible para despedir este magnífico viaje! Sin duda, volveré pronto...